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RAFAEL CALDERA

Cuando derrocan a Gallegos, entre los primeros en presentarse a Miraflores para ofrecer sus servicios al nuevo gobierno, se encuentran Rafael Caldera y Jóvito Villalba. Van a solicitar gobernaciones para sus seguidores y se mostraban, a decir de Alirio Ugarte Pelayo, contentos y eufóricos. Caldera estaba gratamente impresionado por el valor y el carácter de Pérez Jiménez. “Es todo un jefe”, decía, “lo que el país necesita para salir del caos”, lo que le permitió concluir a Alirio Ugarte Pelayo: “Como ves, el líder copeyano está en buena disposición y no sufre con la ruptura del llamado hilo constitucional. Si le ofrecen un Ministerio es capaz de sacrificarse una vez más por la patria.”[1]

Cuando Laureano Vallenilla Planchart está encargado del banco Industrial, es mucha la gente que acude en solicitud de créditos, entre los más asiduos para satisfacer a la camada de sus secundones son Jóvito Villalba y Rafael Caldera. Tienen los copeyanos el periódico El Gráfico que está en la ruina, “y Caldera pretende que el Banco Industrial contribuya a mantenerlo con créditos ostensiblemente irrecuperables... En aquellos días me habla Caldera de sus proyectos. El gobierno, URD y COPEI, deben llegar a un acuerdo para las elecciones y repartirse, por partes iguales, los asientos del Congreso, los ministerios y las gobernaciones de los Estado.”[2] Incluso Caldera le habla mal a Vallenilla de Jóvito, le dice que se cuide de este calvo que lleva detrás la sombra de los medinistas, el clan de los comunistoides e incluso a Miguel Otero Silva.

Cuando se está por gestarse otro Golpe, el del 2 de diciembre de 1952, en la elección que pierde Pérez Jiménez, de nuevo salta Caldera con el objeto de pedir y de chantajear a un mismo tiempo. Le participa Caldera a Laureano que COPEI no concurrirá a la Constituyente amenos que se le reserve a su partido un mínimo de tres Carteras y unas siete gobernaciones. Le aclara al ministro de Relaciones Interiores: “Los copeyanos no contribuiremos a fomentar disturbios. Somos gente de orden y no estamos dispuestos a hacer el juego a comunistas, adecos y urredecos. Tampoco conspiramos. Ustedes podrían entenderse con nosotros mejor que con nadie. Aún no me explico por qué no fuimos juntos a las urnas...”[3] El gobierno de Pérez Jiménez estaba técnicamente caído. Sólo contaba para subsistir con la típica cobardía de nuestros dirigentes políticos. Lo más seguro era que no contarían de quórum para dar inicio a las reuniones de la Constituyente, y Laureano, que no tenía pelo de tonto se comenzó a poner en contacto con los diputados suplentes (sabía que se volverían locos al saber que se les daba la oportunidad de ocupar un alto cargo de representación popular, y venderían hasta sus propias madres de ser necesario por ejercerlo). El día 9 de enero de 1953, el pautado para dar inicio a las sesiones, según la Constitución, Caldera con sus diputados, cual mafioso con una cuadrilla de pistoleros, se apostaron en un local vecino al Capitolio a esperar que su gente fuese requerida por el dictador para completar el fulano quórum (y entonces él salir muy orondo a negociar las fulanas carteras ministeriales y las gobernaciones). Se cayeron de un coco: Vamos, no fue necesario, los pérez jimenistas consiguieron completar el quórum. Caldera como se ve no era tonto, sino politiquero.

Afirmó Joaquín Avellán en Presidentes de Venezuela. “En su primer mandato, lo que se esperaba de Rafael Caldera era de lograr encaminar el país a una verdadera justicia social. Pasaron los años de gobierno de Caldera y todo lo que se pudo ver fue un gobierno altamente engreído y arrogante en su gran líder Rafael Caldera. Por lo que puedo deducir que para este ‘gran líder’ era más importante como iba a quedar en la historia que lo que debía hacer para lograr esa justicia social que tanto esperábamos. Fue un gran fiasco los años del primer gobierno de Caldera. Lo único que se le puede reconocer fue el movimiento pacífico que logró con la guerrilla venezolana. Al terminar su período, siguió el mismo ejemplo de Betancourt imponiendo a su candidato, Lorenzo Fernández para las elecciones del 73. El candidato popular de COPEI era Herrera Campíns y esto resquebrajó a COPEI, perdiendo dichas elecciones abrumadoramente ante "el caminante" Carlos Andrés Pérez.” [4]

Según confirma Avellán, “En las elecciones del año 93 fueron los principales candidatos Rafael Caldera por CONVERGENCIA, Velásquez por la CAUSA R, Osvaldo Álvarez Paz por COPEI. El país ya se encontraba severamente dividido y aparentemente fue un empate, donde los tres estaban con un apenas un 25% de los votantes. Se tuvieron que llevar todas las urnas con los votos al Fuerte Tuina y allí se tomó la decisión entre estos 3 participantes en darle a Rafael Caldera la Presidencia. Según los comentarios, Velásquez fue el ganador y no le permitieron los Altos Militares que asumiera la Presidencia. Para evitar lo que ya suponían que vendría, trataron de taparlo con Rafael Caldera. Es posible de que si se hubiera permitido a Velásquez gobernar, lo hubiera hecho mejor que Caldera y no tuviéramos hoy el gobierno dictatorial de Hugo Chávez Frías. Si todo lo que se dijo fue verdad y que Rafael Caldera asumió una Presidencia de forma inconstitucional y que sólo sacó 25% de los votos, con una abstención de casi el 50%, entonces sólo tenía el respaldo del 12,5% de los venezolanos. Con razón lo hizo tan mal, que casi llevó el país a un golpe de estado más.” [5]

 

Lo primero que hizo Caldera en su segundo mandato fue incluir entre sus amigos a Alfaro Ucero, el piache adeco que nunca se atrevió a condenar a CAP, pese a que el país todo lo reclamaba con urgencia para evitar el desastre de otro golpe de Estado (como en efecto ocurrió); el mismo Alfaro que decidió la expulsión de la Secretaria General de AD de Humberto Celli porque éste reclamaba la expulsión de CAP del partido. Durante este segundo mandato mantuvo intacta toda la inmensa vagabundería del sistema interior que siempre actuaba tarde para dar tiempo a que los rapaces ladrones, los banqueros mil veces señalados como estafadores, tuviesen tiempo de huir a Miami. Quedó intacta la intolerable verborrea, el discursito miserable contra la corrupción que también habían puesto en práctica los Luis Herrera y Lusinchis...

Caldera también incluyo en su grupo al nefasto Teodoro Petkoff, quien como bien lo describe Armando Guerra, “siempre se ha ubicado en la acera contraria del bienestar colectivo”, cuando fue nombrado Ministro de Cordiplan e iniciaba así una fructífera y exitosa carrera en el fabuloso mundo del dinero y la bolsa” de acuerdo a Andre Kostolany. Es imposible explicar aun por que Petkoff negocia la deuda que vencía en 23 años y que atendía a una tasa de interés de 6,75% lo que significaba un costo anual de 4 mil 441 millones de dólares para pagarla, a raíz del canje de Petkoff-Matos Azocar, en 30 años con tasas de interés de 9,25%, y a un costo anual mas alto de 4 mil millones de dólares. Eso fue solo el comienzo de los negocios financieros a costillas de Venezuela y los venezolanos.

En su segundo mandato, Caldera estaba también impregnado del fatalismo de CAP: Había que buscar los modos de seguir en la panacea del bonche y de los placeres interminables; esa sensación de que todo nos debía llegar del cielo. El país político estaba tan podrido, que con dos o tres frases amenazadoras, el señor presidente se metió en el bolsillo a los partidos. Los banqueros se aterraron, los adecos retrocedieron y los congresistas copeyanos se achinchorraron en sus curules. Todo, producto de un diestro malabarismo de palabras. ¿Cómo era posible que un hombre, tan ducho en leyes, tan conocedor de la sociedad venezolana, no la emprendió de inmediato con una profunda reforma del poder judicial, donde se encontraba el inmenso cáncer que nos paralizaba y nos envilecía? ¿Cómo fue posible que no procedió de inmediato a promover una limpieza de este antro de perdición, sin el cual es imposible avanzar, y por cuya degeneración el Fiscal de la República, Escovar Salom había declarado que aquí no había estado de derecho?

La falta de justicia había inutilizado a todos los gobiernos de la enjuta democracia; eso se decía todos los días, lo palpábamos a cada segundo, y vino otra vez al gobierno uno de los más eminentes profesores de derecho con el que contaba Venezuela, el señor biógrafo del creador de la constitución de Chile, don Andrés Bello, y deja intacto el burdel de la Corte Suprema de Justicia. Sin embargo dijo apenas inaugurando su gobierno (1994): "-Vamos con mi presencia en el gobierno, a entrar en el siglo XXI". "-Estamos saliendo del túnel".

Viejo y achacoso, el día 12 de abril del 2002, Caldera da unas largas declaraciones al diario El Universal, en el que celebra el derrocamiento de Chávez y envía un saludo fervoroso el gobierno de transición del doctor Pedro Carmona Estanga. Lamentablemente El Universal de ese día fue quemado, pero el testimonio existe.

En wikipedia se puede leer que Rafael Caldera es huérfano de padres de origen español y fue hijo adoptado de una familia acaudalada venezolana católica, está casado con Alicia Pietri de Caldera, con quien tiene seis hijos: Mireya, Rafael Tomás, Alicia Helena, Cecilia, Andrés Antonio, y Juán José Caldera; éste último es también político y parlamentario por el estado Yaracuy, desde 1974 hasta 2006. Hoy se tiene planteado enterrar a Caldera al lado de la tumba de Betancourt.

He de confesar que uno de los momentos históricos más importantes de Venezuela fue cuando Hugo Chávez, dio un golpe a la Constitución del 61, mostrándoles a Caldera, el 2 de febrero de 1999, todas las miserias de la falsa democracia que aquí se vivía. En el instante de despojarse de la banda presidencial, aquel hombre, verde, se redujo como el personaje de Balzac de “Piel de zapa”: Horriblemente empequeñecido, a punto de lloro desvergonzado porque ya no era lo que siempre había ansiado: estar en el supremo altar del Estado. Encogido como un sapo, tembloroso, pidió retirarse. Chávez no le dio la mano ni aceptó que fuese él quien le pusiese la banda presidencial. Aquel ser enjuto, pero poseído de una prepotencia explosiva, reventando de soberbia se retiró del Congreso ante la mirada piadosa de unos y de profunda arrechera y desprecio de todos quienes durante cincuenta años habían sufrido de su petulancia. Farsante, traidor, manipulador infame incrustado en el Estado por más de medio siglo fue echado a patadas como un vulgar mequetrefe. Cómo deseé en ese instante que hubiesen sacado de su tumba a su carnal de Betancourt para hacerle exactamente lo mismo.

Rafael Caldera por su educación jesuita fue toda su vida extremadamente hipócrita y prepotente. Betancourt y Caldera hicieron lo imposible por utilizar a las Fuerzas Armadas en el negocio de sus ambiciones personales. En su juventud, Caldera tenía ese barniz de seudo intelectual, de profesor universitario serio y estudioso que él sabría utilizar muy bien para aparecer en cuanto guiso político montara su amigo Betancourt. Como el arte del disimulo era lo que mejor le venía a su personalidad (es decir a su máscara), optó por hacerse furibundo cristiano en un país lleno de viejas beatas. Pronto las viejas lo tendrían por un santo, y se haría fuerte en la región más conservadora de Venezuela: la región andina. En realidad él veía cómo actuaba Betancourt en procura de sus objetivos, para luego él salir y emularle

Fuentes:

Sant Roz, José. La verdadera historia de Rafael Caldera: un hombre muy triste y falso. Online, http://www.aporrea.org/actualidad/a33528.html, 19 de abril de 2007.

[1] Véase “Escrito de Memoria”, Laureano Vallenilla Lanz, Ediciones Garrido, Caracas, 1967, Pág. 291. En Sant Roz, José. La verdadera historia de Rafael Caldera: un hombre muy triste y falso. Online, http://www.aporrea.org/actualidad/a33528.html, 19 de abril de 2007.

[2] Ut supra, pag. 329. En Sant Roz, José. La verdadera historia de Rafael Caldera: un hombre muy triste y falso. Online, http://www.aporrea.org/actualidad/a33528.html, 19 de abril de 2007.

[3] Ut supra, 366. En Sant Roz, José. La verdadera historia de Rafael Caldera: un hombre muy triste y falso. Online, http://www.aporrea.org/actualidad/a33528.html, 19 de abril de 2007.

[4] Avellan, Joaquin. Presidentes de Venezuela – Rafael Caldera. Online, http://www.javellan.com/en/art/?91. 19 de marzo de 2006.


   
         


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